INFANCIA


Hubo un hueso,
hubo un resplandor
hubo un sueño.
El tiempo era entonces un niño que se asoma en la ventana
las hojas secas que te salen el paso
las hormigas en el geranio
días que no hacía falta un beso
un sueño, el aliento de lo amado
porque eras.
La vida era un modelo para armar
con muy poca memoria en los bolsillos
una camisa sin usar
una nube en el andén del mediodía
un durazno listo para la mordida anónima
para el hambre ilimitada
de un verano que se antojaba interminable.

# gm

23 junio


Una vez, o ¿fue un sueño?
me caí, y la sangre me dolía,
grite y mi madre quemo
un trapo de algodón
y me lavo la cabeza.
la seco y la puso en mi herida,
la sello con sus manos;
mi herida cerro rápidamente.
Aún recuerdo sus manos
sobandome la herida,
cerrando la cicatriz
Desde dentro

0210


En la plena noche del mundo,
de entre los escombros enardecidos
visito los anaqueles de la memoria.
Miro en el humo y el correr de caballos.
Cabezas de gigantes despedazados,
la luz del tibio niño que fui.
El mecenazgo de hojas heridas.
Mis ojos se reconfortan,
donde el viento dobla las sombra.
En el fuego que crepita en mis sentidos
en mis sienes, por mis pensamientos
donde arde el color de tu pelo
y semeja la borrasca de zarza ardiendo
miro jirones de cometas ardiendo.
Cruzan mi frente cual luciérnagas de asfalto.
Nutren mi noche de espejismo y juramento
Que el tiempo incinera lentamente.
Dibuja lenguas mordiéndose a si mismas.
No hay bastón que muerda el agua viva.
Esa península que antaño soñaron barcos.
Entre grutas de humo donde justifico la noche.
siembro las semillas de concreto,
fluye el vapor del alcohol por la calle.
En tus manos regazo de cachorros,
que prometen paradojas oscuras.
Bailes a media luz, sustálos de otoño,
El viento bailando en el humo,
en cada rescoldo se agotan las plumas del fénix,
que barren a la caza del sueño que nos permita
el azul de domingos a la parrilla,
la cerveza fría, la comunión de odiados
amigos, el fuego dulce de unos labios
que dan sustento a la tarde.
Las manos, como arboledas
en la montaña, buscando niebla
humus, tierra fértil, el azogue
de espejos enfurecidos.

g. a.

Insomne


"No hay nada que decir, salvo que desde el origen, mi cuerpo oye las hormigas en su lento recorrido por las arterias y oye el canto de los árboles en su insomnio. Que mis deseos están mas despiertos a esta hora que una puta a media noche. Que el oro del sueño es una moneda que aún me queda lejos. Pienso en la tibieza de tu cuerpo a estas horas. En tus labios resguardando el humedal de tu cuerpo. Y navego en busca del sentido de estas horas. Noctámbulo al fin, cambio de costado pero no de deseos. Oigo el grifo desvariando en el cuentagotas desde la cocina. Cosas y causas que llenan la lluvia. Espejos que huyen hacia tu nuca, hacia tus cabellos y se enredan en tus sueños donde amanezco."

g. a.

II


Será que me quede esperando 
la noche
el fuego
tus ojos.

Cruzada de peces
y asombra en tu nombre;
el viento, la luna. 

Extravío del horizonte,
brazos que no alcanzan labios,
nombres.

Muro que funda el olvido.

Tierra que ya no cruza ninguna brújula.

La esquina entre las tres
y el insomnio, la mudez
de las cortinas.

La impavidez del silencio.
Mi cuerpo que despierta en tu cuerpo
fisuras, calidez del yeso y pétalos
la suavidad de la luna aclarando el sol, 
semillas en un fuego que arde
y aniquila el movimiento. 
Los instantes donde la música
quiebra tu cintura, collar de lenguas
para tu piel, anillo de saliva
en tu garganta, amor oscuro.
Panel donde el movimiento 
crece, desmesura de ciruelas
que sueña su resplandor
en la enredadera.






Gabriel Altamirano

I



El hemisferio
del reloj que nunca se detiene en ti
el sueño que rompe las olas
contra el muro
la arena corriendo
en un puente
que nadie ha cruzado.


G. A.

Abuela



Una palabra encerrada en la gramática
y tu rostro encerrado en sus pliegues,
una cima para la soledad
y otra Soledad para tu nombre. 
Pinos y tu memoria guardada entre la niebla,
tus manos que tejieron y destejieron
la vida bordada en el patio anaranjado y verde:
una olla de café para tus huesos,
un rebozo en tu cabeza
y un niño que escucha 
a un joven que escucha
a un hombre que mira a la abuela
y que sale a buscarte



Gabriel Altamirano