Carta para vos Paloma:


Carta para vos Paloma: 
que sabes que no llegaras
ni cortándote el cuello 
y presumo que lo sabes: 
que la vida es corta, 
-que el amor,
se incinera a si mismo-
flamea y se apaga, 
bandera que no izo, 
por que no.
Porque tu no.

Porque la noche es verde 
y flamígera, 
y no te importa que cada noche
entone una canción 
y no te das cuenta 
-finges no saber-
Hablamos y la muerte 
se pasea en nuestras vidas 
detrás de los teléfonos 
y tenemos el ajedrez en la mesa 
sabiendo que tu turno 
se llena con silencio
hasta que el tiempo se abra 
y abras los párpados
de esta espera continua. 
Afuera llueve.

Gab  Martínez

Némesis


Enmarco tu piel, que esta lloviendo sueño y amargura. Al margen de las pesadillas canto tu luna extensa, la sabana que se extiende en la memoria de un Edipo imaginario, lejos del rey infausto del que ruedan carbones enlutados. Sube la yedra descalza las llamas del fuego. Tu: mi némesis. Angustia de saber de donde desciende la caterva de duendes que te sigue. Por las estaciones que alejan del dolor y que los llevan lejos; estas tendida como la tierra y absorta como el mundo. Lo mirado no es ajeno al que mira. Pero no hallo en mi, el reflejo de tu luz. La belleza que vamos buscando al vuelo  del desorden. Lo curado, el ansia de no ser y el vértigo de ser más que imagen, sensación, recuerdos. A ti te aleja el canto de los grillos, el rumor del mundo. Necesitas nada más que el silencio, aunque ajeno. Vivir otro tiempo de números y peces. Tiempo vertido en otro tiempo. Silencio iluminado.

 Gab Martínez

EL PEZ


Mi dedo apunta la pecera. Apunta la niñez y un acuario al que solía ir. Ver el cofre del pirata en un buque roto mientras los peces y el vaivén de los colores me hablaban de que la memoria es un espejo, y que mi dedo entonces no apuntaba al pez, sino a mi, no al mundo del pez; sino a mi boca. Donde las palabras se hacen peces y te miran, y no quieren perderte de vista, no quieren saber mas que del movimiento del agua ¿o del pez? y decirte que el azul es mas que un color, es un sueño. Una forma de moverse y flexionar. Reflexionar. Sin embargo, la flexión de esos peces es más bien en gris. Un gris deslavado por el tiempo y las burbujas. Huelen un poco a noche, un poco a tarde, ¿Que haces a esta hora? ¿Y en la siguiente? Quizás mi flexión es pensarte mientras te haces un pez en una acuarela naranja, y tu densidad es el movimiento y mi densidad es mi tristeza. Sumas: la tarde, el pez, la tristeza. Y todo combinado en esa flexión que empieza a pesar como la tarde, como las horas en que no estas y que de repente no hay con que llenar mas que con burbujas, mas que con el tiempo, mas que con el pez. Y el resultado no es el pez, ni tú, ni yo, son las burbujas que pretenden ser pez en el tiempo. He dicho noche antes y la noche deviene a ser objeto, como los llaveros, como la mesa, como la puerta. Yo el sujeto que las vive. Pero la noche esta ahí, afuera, incólume. Y eres tu la que ha establecido una relación entre la noche y yo. Tu la que te has permeado de ella. Ahora llevas la noche contigo, mientras caminas, mientras escribes, mientras vives. Llevas contigo la noche y tu pecho esta lleno de estrellas. Un firmamento vive en ti.

G. M.

caille:

“Pescaditos de Oaxaca” (1992)
Copyright Gabriela Iturbide

caille:

“Pescaditos de Oaxaca” (1992)

Copyright Gabriela Iturbide

I


Y pensaron en el amor

como un ala de ángel

que hay que disecar

taxonómicamente

alfabéticamente

y no este juego de espejos

en que alumbro a un rostro

y se enciende tu nombre.

G. M.

Lunes


Papeles, café y el vertigo de números

cifra del desconcierto,

y un pie -moviéndose-

hacía otras orillas

otros desconciertos.

Como si aquí,

pudieran adivinarse

las puertas del mar.


Gab Martínez

No sé


No sé despedirme,
como tampoco encuentro el cambio;
para un ticket de autobús,
y guardo libros viejos entre el polvo.
Como si el acto de conservar
fuese un acto sagrado.
Y no logro despedir
la tristeza de tus ojos
o la sonrisa tibia en tus manos
y lo que no digo, pero supones.
Es mejor voltear
la mirada hacia la planicie del mar
y seguir andando.

Gab Martínez

No sé


No se despedirme,
como tampoco encuentro el cambio;
para un ticket de autobús,
y guardo libros viejos entre el polvo.
Como si el acto de conservar
fuese un acto sagrado.
Y no logro despedir
la tristeza de tus ojos
o la sonrisa tibia en tus manos
y lo que no digo, pero supones.
Es mejor voltear
la mirada hacia la planicie del mar
y seguir andando.

Gab Martínez