likeafieldmouse:

Henrique Oliveira - Desnatureza (2011)

(via pedaceria)

Intuición


Poesía que alimentas

del cuerpo del mundo,

y nos muestras su sal, 

su derrota. 

En tu estrabismo

aligeras la carne,

el sabor del cuerpo,

al volverlo signo, 

nube; interrogación.

Sol desvencijado

que dobla el paso

por los recintos de la carne,

navegando entre alfileres;

sustantivos, ayeres.

Una miríada de ángeles

vigilan la pendiente

por la que te extravias

los pasos que vuelven

a recorrer una y otra vez

el laberinto

donde habitas.

Gab Martínez

0163


Arrimado, sobre el forro de unos libros

que nada escriben, porque ya todo esta escrito

hago girar las páginas como un acordeón

resumen de lo dicho, sílabas, palabras, viento.

G. M.

likeafieldmouse:

Rudolf Bonvie - Dialog (1973)

(Source: likeafieldmouse, via ninetosix)

EL Y ELLA


‎”EL

¿Recuerdas la lluvia? la lluvia desperdigándose en las milpas, la lluvia oteando entre las piedras. La lluvia con su caricia verde-azul estilándose en los árboles, entre gotas que caían y manzanas de agua. La tierra se hacía pesada de tanta humedad. Agua en lluvia, lluvia en agua y los cuerpos inermes que buscaban su propia humedad, su propio humus, sucediéndose entre la saliva, labios, espaldas, cuello, cuerpo. Tú crecías hacia dentro buscándote, subterránea y lunar, la mujer que ya te habitaba. Oías mi voz a través de la lengua en tu espalda, en tus alas encerradas y tus palabras con las hojas caían en esas palabras sin decir nada. Solo llovizna, solo hierba, solo tierra.

ELLA

¿La lluvia? ¿Ese revolotear de mariposas? ¿la lluvia? ¿parsimoniosa y fría colmando mis adentros? ¿Te refieres a esa lluvia tibia amaneciendo?, O la lluvia entre nuestros cuerpos por la tarde gélida de invierno mientras mis labios temblorosos emitían vaho y los tuyos savia. ¿La lluvia fertilizando la memoria o la lluvia inundando mi vientre, arremetiendo terca y tormentosa?. ¿La lluvia como marea transparente o la lluvia apenas brisa incierta en los rostros húmedos de candor, de fe en ti y en mi?. Sí. La lluvia esa transparente, nítida y diáfana conciencia entre tu ser arremolinado en los muslos tersos y manos mesando tus cabellos la lluvia. Sí. La lluvia. ¿Cual lluvia?. “


Gab Martínez

Entre


“Entre ramas, (varitas caídas del árbol de la costumbre), escribo aquí y allá hojas de tu nombre: Entre labios, entre sombra, entre piedra caliza. Mi ser llamado conciencia; (hecho memoria genuflexa) hace del instante un ágape de tus brezos, -mariposas en el campo-. Parábola incierta. Instante de lo que llamamos objetivamente caída, (a veces vuelo), anillos que pueblan los árboles en tiempo histórico, tiempo acumulado. Sintaxis del viento que no sabe mecer lo estable, lo que permanece. Fijar tu rostro, con lápices, con pixeles, con amour fou. Enterrar albricias y que florezcan miel y pájaros, y leche. Sin atenerse al vuelo de sombreros o al otoño y sus mesas de café. Mientras el humo del cigarro vuela sobre nos, sobre un instante que se despeña y que nadie atrapa. Red a la que se escapan peces palomas, sueños. El azar que desemboca en salmones, en cuestiones como los formalistas rusos. Salpicar de gramática los molletes, separar la sintaxis con mantequilla y deletrear nuestra herrumbre bibliófila mientras tus piernas esconden París, Londres; quizá mas allá Hungría. Un cuento con final triste donde los amantes terminan perdiéndose a si mismos en el otro. Poblando de transparencia los espejos, el ánimo de liberarnos del ser amado, cuando el amor era la fábula perfecta. Y la destruimos para construirnos un mejor rostro -hacer de nuestro amor el mejor olvido-, adiós infinito perdiéndose en flores caídas. En sombrillas atrás del librero y dejarnos mojar por fin las piernas, el cuerpo; los labios, los ojos.”“

Gab Martínez 

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‎”Entre ramas, (varitas caídas del árbol de la costumbre), escribo aquí y allá hojas de tu nombre: Entre labios, entre sombra, entre piedra caliza. Mi ser llamado conciencia; (hecho memoria genuflexa) hace del instante un ágape de tus brezos, -mariposas en el campo-. Parábola incierta. Instante de lo que llamamos objetivamente caída, (a veces vuelo), anillos que pueblan los árboles en tiempo histórico, tiempo acumulado. Sintaxis del viento que no sabe mecer lo estable, lo que permanece. Fijar tu rostro, con lápices, con pixeles, con amour fou. Enterrar albricias y que florezcan miel y pájaros, y leche. Sin atenerse al vuelo de sombreros o al otoño y sus mesas de café. Mientras el humo del cigarro vuela sobre nos, sobre un instante que se despeña y que nadie atrapa. Red a la que se escapan peces palomas, sueños. El azar que desemboca en salmones, en cuestiones como los formalistas rusos. Salpicar de gramática los molletes, separar la sintaxis con mantequilla y deletrear nuestra herrumbre bibliófila mientras tus piernas esconden París, Londres; quizá mas allá Hungría. Un cuento con final triste donde los amantes terminan perdiéndose a si mismos en el otro. Poblando de transparencia los espejos, el ánimo de liberarnos del ser amado, cuando el amor era la fábula perfecta. Y la destruimos para construirnos un mejor rostro -hacer de nuestro amor el mejor olvido-, adiós infinito perdiéndose en flores caídas. En sombrillas atrás del librero y dejarnos mojar por fin las piernas, el cuerpo; los labios, los ojos.”

Gab Martínez 

“Busco el olor a campo en tu piel. Sigo por tu espalda una caravana de sal y frutas frescas. Busco el olor de Morelia en tu piel. Mis yemas se aprestan a sacar el mar de tu cintura, a multiplicar mis labios en tu miel y a hacer volar la serenidad de tus sentidos.”

G. M.

“Busco el olor a campo en tu piel. Sigo por tu espalda una caravana de sal y frutas frescas. Busco el olor de Morelia en tu piel. Mis yemas se aprestan a sacar el mar de tu cintura, a multiplicar mis labios en tu miel y a hacer volar la serenidad de tus sentidos.”

G. M.